martes, 31 de agosto de 2010

El Teatro de la Vida


La vida asemeja un gran teatro,
donde todo ser humano
ejecuta el ensayo
saltando al escenario.
A veces, enmendando errores,
otras.. .tapándolos,
sin embargo
año tras año,
sigue desempeñando
con más brío,
los enrevesados desafíos
que a su suerte,
le depara el destino.
Cuando sus ojos
se quieren cerrar,
tendrá que presenciar
escenas ficticias..
Al reposar
sobre las alas de Morfeo,
recorre intrépido
palmo a palmo,
la finitud del Universo,
desnudando su alma
en la fogosa función,
hasta bajarse el telón.

sábado, 28 de agosto de 2010

Diversidad de Reflexiones



La poesía nace de los rescoldos del incontrolable fuego que en algún concreto momento, pretende abrasarnos por dentro.

Para construir un mundo de paz y amor, se necesita completar eslabón a eslabón en una cadena impregnada de solidaridad y amor fraternal, tan extensa que llegue a rodear por completo el planeta.

Aun cuando los visos de sufrimiento marcan huella de color negro, con el transcurso del tiempo se contemplan encuadrados en un marco repujado con tenues pinceladas de blanco. Grabándose en las profundidades del alma, dejando tras de sí una sutil enseñanza.


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jueves, 26 de agosto de 2010

El Divino Ojo




El divino Ojo se pone a escudriñar
sobre los confines de la tierra y del mar.
Cuando comienza a clarear el día,
se mantiene en constante vigilia
irradiando sobre los mortales,
su poderosa y sutil energía
cual, con gran precisión va dirigida
a cualquier forma existente de vida.
Sin embargo, sus vibraciones sólo son percibidas
por aquellos mortales predispuestos a recibirlas.
Cuando se corre el velo de la noche,
abriendo paso al silencio.
¡Cuántas veces, pienso...
¿Estará acaso en alguno de los luceros
vigilante desde la torreta del cielo,
o quizás en esa fugaz estrella,
que cual relámpago, atraviesa
el colosal techo de la tierra?
En cualquier caso,
creo firmemente,
que siempre, siempre,
extiende su divino manto,
sobre cuantos sintiéndose desamparados
se ponen bajo su celestial amparo,
alentándolos en el momento preciso
y en el lugar adecuado.

El Melenas


En un recóndito pueblo de Castilla,
cuyo nombre, quizás recuerde algún día,
cruzaba Antonio el umbral de esta vida
instalándose en el seno de una humilde familia.
Convertido en un joven intrépido
aquél que con el discurrir del tiempo,
llegaría a convertirse en mi tatarabuelo,
consiguió evadirse del ejército
huyendo a merced del viento.
Acompañado de una joven y robusta mula,
perdió de vista grandes e inmensas llanuras.
Sumergiéndose en variopintas aventuras,
se deshizo de cuantos buitres y alimañas
pretendían cortarle el paso.
Cruzando senderos tortuosos y empinados,
logró atravesar verdinosos y traslúcidos remansos,
calmando su sed en las inhóspitas fontanas
para embriagarse en sus límpidas aguas.
Al oscurecer el día, se recostaba
sobre el establo de alguna remota cabaña,
a cambio de realizar labores en el campo
a las que habitualmente estaba acostumbrado.
Su trabajo era tan intenso,
que ni siquiera encontraba un hueco
para aliñarse a tiempo,
entretanto se le acrecentaba el pelo.
Hastiado de deambular para uno y otro lado,
contando con unos cuantos pesos ahorrados
decidió instalarse en un diminuto poblado,
habitado por seres un tanto rudimentarios
poseedores de un gran talante hospitalario.
Sobre los hombros de mi antepasado
descansaba su largo cabello lacio,
dándole un aspecto un tanto estrafalario.
Al comenzar a correrse la voz...
el apelativo “melenas”
ya nunca le abandonó,
traspasándolo en herencia
a su prolífica descendencia.