jueves, 19 de septiembre de 2013


Para mi nieto Martín


Cuando tú naciste,
el reflejo de la luna
se asomó con ternura
sobre la cabecera de tu cuna.
El día que tú naciste,
entre el clavel y el jazmín,
se grabó en mi jardín
la reseña de tu nombre: Martín.
El día que tú naciste,
bajó a la tierra un lucero,
para alumbrar el camino
enviando paz y sosiego.
El día que tú naciste,
tocaron la trompeta
los ángeles en el cielo,
coreando con vivas
tan singular evento.
El día que tú naciste,
redoblaron las campanas,
instigando al viento
a sumarse al festejo.
El día que tú naciste,
el sol se vistió de oro
para despejar las nubes
de un destino incierto.

Mª Isabel García Muñoz


miércoles, 18 de septiembre de 2013

El lance del destino

El destino, silente y enigmático
sale al paso del ser humano,
bien, cubriéndolo de agasajos,
o cortando proyectos de cuajo.
Su fiel aliada la intuición,
quiere evitar planes fundidos
al individuo muy receptivo.
El destino depara sorpresas
tan inauditas e insospechadas,
que nadie puede controlarlas.
La suerte, suele aovillarse
tras su etérea e impoluta capa,
para cubrirse ante sus desafíos
paliando los efectos más dañinos.
Más, entre las flores del camino,
está clavada la pesada cruz
que ha de cargar el peregrino
a lo largo de su recorrido.
En el recodo del penoso sendero,
surge con tiento, una mano tendida

dispuesta a paliar el sufrimiento.