Un
angelito bajó a la tierra
Bajo
el hábito de infanta
Entrando
por la gran puerta
De
una fémina
humana.
Recibiéndola
su madre
Deslumbrante
de alegría,
Amamanta
al fruto de su vientre
Protegiéndole
con
ímpetu
Ante
los avatares de la vida.
La
tez de la chiquita
Es
tan suavemente rosada
Que
encandila a cuantos la miran.
En
la comisura de sus labios
Se
dibuja una grácil sonrisa
Irradiando
sutilmente su rostro.
Tan
sumamente hermoso
Cuál
hada dentro de su trono.
Un
mechón de su cabello
Tan
negro como el azabache,
Resbala
sobre su frente
Con
un aire condescendiente.
Despuntando
su mirada
Sumamente límpida tan clara
Como
el nombre que le acompaña.