miércoles, 16 de septiembre de 2009

Reflexión


Grandes nubes de tormenta cargadas de desazón, se propagan a lo largo
de nuestra nación, descargando sobre ella sin compasión sangre, furia y temor.
¿ Porque se suceden los más tristes y lúgubres acontecimientos de traición y corrupción llegando a incrementarse cada día, la cifra de asesinatos con alevosía y premeditación?
Aunque no es tan fácil hallar la respuesta, si nos paramos a observar con detenimiento, enseguida vemos como los cimientos de la democracia se tambalean, resultando imprescindible revisar la formación en el hogar. Para llegar a solucionar tan gravísimo problema, es primordial que los progenitores
tomen conciencia, para que ningún padre defienda a su chaval, cuando embriagado arremete en la calle contra la autoridad reclamando su derecho a poderse embriagar sin medir todas las consecuencias que ésto pueda conllevar, sin importarle un ápice perjudicar a toda la colectividad. También es trascendental no justificarlo en la escuela, en el momento que surge algún problema con cualquier profesor debido a su mal comportamiento y como consecuencia le falte al respeto.
A los mayores compete valorar en los más jóvenes cualquier aptitud positiva que conlleve a desarrollar su mente creativa y cognitiva, para que les sirva de aliciente para a la larga progresar en la vida y, además, vigilar actitudes de índole negativo que pueden resultar dañinas para la ciudadanía.
Si efectivamente estamos dispuestos a tomar medidas al respecto, sin duda alguna contribuiremos en gran medida al bienestar de nuestro pueblo.

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martes, 1 de septiembre de 2009

Enclave mágico


Un plácido día de verano, cuando ya comienza a declinar la tarde, dirijo muy decidida mis pasos hacia Santo Tomé, lugar donde se hallan los restos de un antiquísimo castro, y sin lugar a duda un paraje fantástico. Este enclave está ubicado muy cerca de la ciudad, a la vez que retirado del mundanal ruido. Después de haber caminado un buen trecho, comienzo a desesperarme, en el preciso momento que ante mis ojos aparece un gran rótulo, indicando el final del trayecto. Según voy divisando los restos del antiguo poblado, ya remodelado por los romanos una vez que los celtas cayeron a sus pies, derrotados, me quedo absorta ante tanta belleza, envuelta en una especie de magnetismo a todas luces sagrado, sintiendo como todos mis miembros poco a poco se van relajando. Una fuerza irresistible y sobrenatural, me empuja a recorrer el frondoso bosque, escoltada por grandes robles de porte majestuoso, y fructíferos madroños. Allá en lo alto, diversos guardianes de piedra quieren hablarme de nuestros ancestros, a través de las huellas dejadas por éstos, sufriendo por sentirme incapaz de descifrar su lenguaje hermético, ya que sólo los eruditos son capaces de decodificarlo. Después de ponerme a reflexionar un poco, me decido a bajar por un corto sendero, hasta llegar a un gran desfiladero, desde donde, fascinada por el tan exuberante paisaje,me quedo embelesada observando como el afluente Lonia va zumbando con mucho ímpetu las gigantescas peñas apretando su paso, hasta llegar a fundirse con el Miño en un gran abrazo.

La guerra en Oriente


Judíos y palestinos, están empeñados en avivar un viejo conflicto, para seguir actuando con gran desatino. La chispa de odio que entre ellos se ha encendido, cada día arde con más ahínco. Desde Occidente se viene solicitando a Palestina que vigile a los terroristas sin descanso, impidiéndoles seguirse inmolando, para que deje de cundir el pánico entre los judíos cada vez que riegan con sangre el asfalto. Así mismo, a Israel se le continúa implorando que eviten proseguir derrumbando edificios habitados por civiles, cerrando universidades, atacando escuelas infantiles y cargando indiscriminadamente contra personas inocentes. Aunque se pide con brío el cese de las hostilidades entre los dos vecinos, ambos hacen caso omiso, sin ser
conscientes del peligro a que están sometidos, contándose ya por miles, los muertos y heridos entre civiles. Es sumamente imprescindible fomentar el diálogo entre los dos bandos, para que de una vez por todas dejen la lucha a un lado.
Palestina tiene derecho a tener su propio estado, así como Israel debería conformarse con tener el suyo equitativamente delimitado. Los dos tendrán que perder algo de su parte y comportarse como buenos hermanos, si quieren encontrar la paz y el bienestar que los dos pueblos están necesitando y que con gran afán, el resto del mundo está esperando.

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Apañando castañas baixo un castiñeiro da veciñanza


A Paca e máis a Rebecha son dúas vellas avarentas, é aínda que ningunha está na miseria, tanto unha coma a outra actúan como se o estiveran, facendo malabarismos cando se trata de soltar unhas moedas. Nas vésperas do San Martiño, andaban cada unha pola súa banda na procura de castañas, pensando en facer o tradicional magosto como Deus manda. A Paca foi decidida a visitar os seus castiñeiros, e atopouse co chao repleto de castañas, mais os vermes
agochados nesa froita tan ruín, xa fixeran con elas un festín, e cando ela se puxo a rebuscar, nin sequera puido atopar unha soa sá. Como na súa mente non tiña gravada a palabra mercar, pensou en ilas roubar. Moi preto da súa casa, dentro dunha pequena aira, erguíase chea de maxestosidade unha nobre e fermosa árbore.
As súas castañas abundantes, eran saborosas, fariñentas e moi grandes; non había en toda a comarca ningunha outra que puidese comparárselle. Cara alá foi a Paca con gran ansia, coa idea de aproveitarse das benditas castañas, cando atopou a Rebecha debaixo do castiñeiro do Perico, toda afaenada enchendo unha saca de castañas. Entón a Paca, chea de razón, increpou á Rebecha, dicíndolle: -¡serás descarada!. ¿Como te atreves a roubarlle á veciñanza?. Entón contestoulle a Rebecha sen cortarse nin un ápice: -¡mala centella te parta!, tu non eres a dona desta aira, así que aquí non pintas nada. Así seguiron a discutir as dúas, por unhas froitas que non eran súas. Trala fiestra dunha casa cercana, un veciño as obserbaba sen que elas se decataran, e como xa outrora as tiña visto en eido alleo andar ás agachadas, collendo castañas, noces e fabas, sen dubidalo, deu a voz de alarma. Así foi como o Perico montando garda, evitou que volveran ás andadas, e chegou a gozar coa súa familia das saborosísimas castañas.
O que a roubar calquera cousa se baixa, perderá a confianza dos seus veciños de forma inmediata.