Para mi nieto Martín
Cuando tú naciste,
el reflejo de la luna
se asomó con ternura
sobre la cabecera de tu cuna.
El día que tú naciste,
entre el clavel y el jazmín,
se grabó en mi jardín
la reseña de tu nombre: Martín.
El día que tú naciste,
bajó a la tierra un lucero,
para alumbrar el camino
enviando paz y sosiego.
El día que tú naciste,
tocaron la trompeta
los ángeles en el cielo,
coreando con vivas
tan singular evento.
El día que tú naciste,
redoblaron las campanas,
instigando al viento
a sumarse al festejo.
El día que tú naciste,
el sol se vistió de oro
para despejar las nubes
de un destino incierto.
Mª Isabel García Muñoz
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