domingo, 12 de enero de 2014

El enigmático rostro del tiempo
Una gélida mañana aprendí,
que el miedo y la ira
solo pueden subsistir,
cuando les dejo anidar
en el pozo de mi mente.

En ese día frío e invernal;
quise desafiar a las nubes
atestadas de tempestad,
alentando mis pasos
hacia el paseo fluvial.

Según iba caminando,
un halo de penumbra
incitando al vendaval,
me envolvía sin piedad.

La lluvia,hostil y arrogante,
no vaciló ni un instante
en espantar a todo viandante,
que al leal Miño adorare.

A bordo de mi aflicción,
sin dar crédito a mis ojos,
se despierta el gran soberano
envuelto en un gran halo.

Empuñando su mágico cetro
cortó el obnubilado velo
que cubría el firmamento,
tapizando de luz y color
los montes de alrededor.

Unas bandadas de avecillas
abandonaron su albergue,
inundando la vera del Miño
con poéticos cantos al Sol.

A belleza tan inusual
se agregó al gran ritual,
la más dulce sinfonía
de gaviotas y patos,
con el Miño hermanados.


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