jueves, 26 de agosto de 2010

El Divino Ojo




El divino Ojo se pone a escudriñar
sobre los confines de la tierra y del mar.
Cuando comienza a clarear el día,
se mantiene en constante vigilia
irradiando sobre los mortales,
su poderosa y sutil energía
cual, con gran precisión va dirigida
a cualquier forma existente de vida.
Sin embargo, sus vibraciones sólo son percibidas
por aquellos mortales predispuestos a recibirlas.
Cuando se corre el velo de la noche,
abriendo paso al silencio.
¡Cuántas veces, pienso...
¿Estará acaso en alguno de los luceros
vigilante desde la torreta del cielo,
o quizás en esa fugaz estrella,
que cual relámpago, atraviesa
el colosal techo de la tierra?
En cualquier caso,
creo firmemente,
que siempre, siempre,
extiende su divino manto,
sobre cuantos sintiéndose desamparados
se ponen bajo su celestial amparo,
alentándolos en el momento preciso
y en el lugar adecuado.

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