domingo, 30 de noviembre de 2014

El SÍMBOLO DE LA ESPERANZA


Esta mañana me desperté
en plena madrugada,
con una pluma impregnada
de fe y esperanza.
Me dispuse a escribir
la emoción que sentí,
cuando a mis manos llegó
como una bendición,
un retoño de aquel fantástico
árbol milenario y sanador.
Envuelto en un halo mágico,
sobrevivió en Hiroshima
resurgiendo de entre las cenizas,
en medio de tanta destrucción.
A este ser de excepción,
se le atribuyen efectos
tranquilizantes y de sanación,
siendo la llave que abre
al mundo, una puerta
a la esperanza y a la unión.
Sumamente agradecida
por esta joya botánica,
le hice un hueco en mi jardín.
Cuidándole con esmero,
aún concibo la ilusión
de llegar a ver un mundo mejor,
donde reine la Paz y el Amor.



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