El SÍMBOLO DE LA
ESPERANZA
Esta
mañana me desperté
en
plena madrugada,
con
una pluma impregnada
de
fe y esperanza.
Me
dispuse a escribir
la
emoción que sentí,
cuando
a mis manos llegó
como
una bendición,
un
retoño de aquel fantástico
árbol
milenario y sanador.
Envuelto
en un halo mágico,
sobrevivió
en Hiroshima
resurgiendo
de entre las cenizas,
en
medio de tanta destrucción.
A
este ser de excepción,
se
le atribuyen efectos
tranquilizantes
y de sanación,
siendo
la llave que abre
al
mundo, una puerta
a
la esperanza y a la unión.
Sumamente
agradecida
por
esta joya botánica,
le
hice un hueco en mi jardín.
Cuidándole
con esmero,
aún
concibo la ilusión
de
llegar a ver un mundo mejor,
donde
reine la Paz y el Amor.

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