Después de una larga vida
deleitándonos con tu compañía,
sufriste la inevitable agonía,
tras esa noche lúgubre y fría.
De ningún modo te podré olvidar
mi fiel amigo y buen pastor alemán,
pues fuiste el mejor guardián
que jamás pude imaginar.
Siendo tan sólo un cachorrillo,
y disponiendo de un olfato muy fino,
sabes dar razón de cualquier vecino
aunque intente acercarse con sigilo.
En la etapa moza de vida canina
el amor llama a tu puerta,
por medio de una mascota vecina,
que de tu corazón pronto se adueña.
Fruto de esa relación tan placentera,
llegas a tener larga descendencia.
Cuidando de la prole a tu manera,
el amor de padre te puso en evidencia.
Me quedó el más grato recuerdo,
de cuando solías tenderte en el suelo
para ofrecerme tu amor sin recelo,
y demostrarme así todo tu afecto.
En el momento de irte a enterrar,
tus restos quisimos depositar
en una sepultura muy singular,
donde las flores nacen sin sembrar.
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