Ayer...
Sin la inyección de ánimo
que me aporta tu presencia,
llegué a sentirme un tanto indefensa.
Mas hoy...
Tan pronto amaneció,
mi apatía se desperezó
al cubrirme con tu manto protector.
Tu halo benefactor
reparte hoy
sobre la faz de la tierra,
ingentes partículas de oro y calor.
Hoy...
El cielo de azul se vistió,
congratulándose con el renacimiento
de una nueva flor.
Hoy...
El viento trae con su lírica
el susurro de longevos cánticos,
y polifacéticas caricias.
Mañana...
¿Quién sabe qué cara pondrá el día?
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