viernes, 24 de junio de 2011
Mi ángel custodio
Tú eres la estrella que me ilumina,
y el lazarillo que me guía
en el pedregal de la vida.
Siempre que acudo a ti
vuelas raudo junto a mí,
librándome de peligros sin fin,
y atemperando mi afligir.
Gracias mil ángel mío
por estar siempre ahí.
Cuando llegue la hora de partir,
alzaré mis plegarias al Hacedor
implorando su bendición,
para poderme encaramar
al lugar de mi ensoñación.
En mi dorado sueño, me veo
traspasando el radar del Universo
envuelta en tus alas de marfil.
Vislumbrando el mundo angélico,
resuenan en la puerta de entrada
sublimes cánticos de alabanza
entonados por un celestial corro
a ritmo de lira y clarín.
Un pequeño y hermoso querubín
teclea los apergios del violín,
bajo la sublime mirada de un serafín.
Imagen de la red
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