El
sol, acercándose a la tierra
va
insuflando el fatigoso calor,
que
incita a despojarnos
de
la pesada vestimenta.
Bajo
la sombra de un árbol,
apagando
la sed en un manantial,
retozando
en el río, o en el mar,
salimos
disfrutando de la paz
que
tanto nos cuesta encontrar.
La
tierra, sufre la ausencia
de
la benefactora primavera,
mientras
el viento solano
asola
los cultivos del campo.
El
trigo, con su traje dorado
va
incitando a los pájaros,
que
no dudan en degustar
el
tan delicioso manjar.
Las
abejas, fecundan la flora
como
esclavas de su reina,
van
buscando el ansiado néctar
que
inmortaliza a la colmena.
Margaritas,
lavandas y rosas,
son
las más fieles espectadoras
coreando
la artística danza,
amenizada
por las mariposas.
Cuando
el día se apaga
las
luciérnagas son las hadas
que
alumbran al peregrino,
acompañándole
en el camino
una
fabulosa y sinfónica
orquesta
de cigarras y grillos.
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