
Tras la inexorable frontera que separa el frágil mundo de los
vivos, está ubicado: “ el mítico Limbo”. En ese insólito y apacible paraíso, reciben cobijo, aquellos embriones que a poco de ser concebidos, son despiadadamente rechazados en el mundo físico.
Ese plano, sumamente volátil y sutilísimo, ante el ojo humano pasa totalmente desapercibido. Allí, son instruidos por mandato divino, mientras se recuperan del sufrimiento psíquico, que conscientemente se les ha infligido, al haber destruido los planes celestiales configurados para poner rumbo a su destino . Cada día, crecen de modo alarmante los procesos destructivos, amparados por letrados gubernativos faltos de ética, a quienes ni siquiera les tiembla la mano a la hora de crear una ley homicida, por la que se permite quitar de encima a cualquier ser, cuya única cláusula añadida, sería: no haber descubierto la luz del día.
Reforzando ésta tesis; se crea una pastilla aparentemente inofensiva, capaz de pulverizar millares de vidas, sin contar las que pasan por clínica. Utilizando esa magma abominativa, no sólo se exterminan millones de células vivas. También se perjudica la salud de aquellas jovencitas, amén de otras ya maduritas, las cuáles, sin pararse a buscar salidas más dignas, no dudan en deshacerse del fruto de su idilio, para sepultarlo entre los abrojos del camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario